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A principios de 1800, las minas de sal ayudaron al desarrollo económico de la región favoreciendo el comercio marítimo. Por tal motivo, los habitantes de Altamira vieron la necesidad de crear una nueva aduana, gestionando antes las autoridades el lugar ideal para ello. Es así como en 1823 se otorga el permiso para fundar la actual ciudad de Tampico con el nombre de Santa Anna de Tamaulipas, nombre que fue cambiado a Tampico de Santa Anna. Tan solo un año después, el 12 de noviembre de 1824, se le concede a Tampico el carácter de puerto de altura, comenzando una gran etapa para esta ciudad y el país entero, debido a la gran actividad comercial que se generó con la llegada y salida de barcos cargados de mercancías y todo lo que de ello deriva.
Es con Don Porfirio Díaz cuando Tampico alcanza su mayor desarrollo, quien tras el incendio de la primera Aduana decidió construir una nueva, así como un puerto fluvial sobre el Río Pánuco. Para realizar esta importante obra, mando traer de Europa técnicos en la materia, quienes después de varios meses de estudios, dieron su fallo sobre un mejor lugar para construir el puerto. Según algunos historiadores, ellos considerando los desechos de las corrientes que el Río Pánuco arrastraba y depositaba principalmente en la margen izquierda, dictaminaron que éste debía construirse en la margen contraria a Tampico, en terrenos pertenecientes al estado de Veracruz. Fue entonces que Don Porfirio Díaz, por intervención de su segunda esposa Doña Carmen Romero Rubio y Castelló, tamaulipeca de nacimiento, se tomó la decisión de ignorar dichos consejos y construir el puerto en la margen izquierda perteneciente a Tampico. En 1863, la compañía Central Mexicana comenzó a construir la primera línea de ferrocarril de San Luis Potosí a Tampico. A lo anterior siguió la construcción de varias instalaciones como las escolleras y el dragado del canal de navegación las cuales iniciaron en 1890 facilitando el tráfico marítimo al darle al canal de navegación una profundidad de 28 pies.
Las obras de las instalaciones portuarias comenzaron a finales del siglo XIX. Primeramente, se hincaron en el lecho del río enormes pilotes que sostuvieron el muelle, adquiriéndose para la obra grúas y malacates que posteriormente sirvieron para la carga y descarga de los barcos mercantes, dragando además el canal de entrada para permitir con ello el acceso de buques de gran calado. Para dar cabida a las oficinas de la Aduana Marítima, el mismo Don Porfirio pidió por catálogo los planos del grandioso edificio que todavía está para orgullo de los tampiqueños. Su construcción inició en 1896 con un costo inicial de $1,850,000.00 pesos en oro, inaugurándose por el mismo presidente junto a las obras portuarias. El gran movimiento del puerto trajo consigo constantes obras de construcción y remodelación, entre ellas la construcción de tres almacenes y cuatro muelles de 145 metros cada uno concluidas en 1903. Para esa época empezó el auge petrolero lo cual trajo como consecuencia un aumento general al comercio de la región. Desde ese entonces a la fecha, aún con las dificultades y tropiezos económicos que ha enfrentado nuestro país, el Puerto de Tampico ha tenido un próspero desarrollo que lo ha convertido hoy en día en una importante puerta para el comercio exterior. |
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