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El Auge de Miramar
y sus Balnearios

La Playa de Miramar es sin lugar a dudas una de las más bellas del Golfo de México ocupando además una parte importante en la historia de nuestra región y sus habitantes al ser un punto de reunión que ha prevalecido a lo largo de los años.

Esta playa comienza a tener vida en 1918 con la construcción de los primeros balnearios levantados a la orilla del mar, que en su inmensa mayoría prestaban servicio de restaurante, bar y salón de baile brindando además algunos de ellos servicio de hospedaje. Estos balnearios se levantaban sobre pilotes de 2 a 4 metros de alto lo que permitía que la resaca de la playa pasara de lado a lado.

En esos tiempos del auge comercial y petrolero (1907-1936), Tampico y la región contaban con una población extranjera considerable que incluía a los ingenieros y ejecutivos de las compañías petroleras. También por aquí pasaban una gran cantidad de buques que además de abastecerse de combustible en nuestros muelles, llevaban a cargo maniobras de carga y descarga de mercancías.  Varios de ellos atracaban por un tiempo promedio de 3 días, en los cuales los pasajeros bajaban a divertirse y los artistas que viajaban en ellos rumbo a la ciudad de México aprovechaban su estancia para presentarse en estos balnearios situados en Miramar.

No se sabe a ciencia cierta de donde viene el nombre de Miramar. Se cree que fue Don Pedro García, propietario del primer balneario en Miramar, quien le puso a la playa este nombre, en recuerdo al Castillo de Miramar en Trieste, donde los mexicanos acudieron a ofrecer la Corona de México al archiduque austriaco Maximiliano en octubre de 1863.

Tomando en cuenta que Miramar estaba alejada de la ciudad, que en aquella época no se contaban con muchas cosas, los primeros balnearios prestaban a sus clientes un servicio inigualable sorteando innumerables obstáculos. Tal es el caso de la comida, ya que aquellos que contaban con restaurante servían únicamente pollo además de carne de puerco adobada, cecina y algunos antojitos mexicanos. Todo esto se debía a que no había refrigeración, lo cual impedía conservar la carne de res, el pescado y el marisco. A espaldas de los negocios había gallineros con pollos mismos que se sacrificaban en el momento que el cliente lo pidiera preparándoseles a más tardar en 30 minutos.

En lo que respecta al transporte, desde la primera década del siglo XX era posible acudir a la playa en auto o por tren. Fue en 1915 cuando se abrió la ruta de tranvías que hizo accesible el viaje a la multitud que en aquella época no poseía automóvil, siendo hasta 1929 cuando se tiene un ramal de vía directo que terminaba en donde actualmente se encuentra la Primera Zona Naval. Ahí se encontraba un retorno conocido como La Pera, el cual era un medio de transporte sumamente económico costando la ruta Tampico-Playa 15 centavos. De este lugar a los balnearios había una distancia de 500 metros aproximadamente con enormes médanos de arena. Por tal razón, la compañía dueña de los tranvías construyó un camino asfaltado para conectar la terminal con los balnearios el cual llegaba a la parte posterior de los mismos donde antiguamente estaba la vía del tren de La Barra. Este camino funcionó bien hasta que llegó la temporada de “nortes” cubriéndose con toneladas de arena. En vista de lo anterior, se construyó un puente empilotado a una altura de 2 metros para que la arena corriera libremente a nivel del piso.  Además estaba alumbrado por faroles octagonales de bronce que fueron donados por la Cervecería Cuauhtémoc de Monterrey gracias a gestiones de los dueños de los balnearios. En el extremo del puente había un pequeño kiosco donde los fines de semana tocaba la Banda Municipal y a los lados se empezaron a instalar negocios que vendían artesanías a base de conchas y caracoles.

En el primer tercio del siglo XX, la Playa de Miramar era el escaparate en el que las damas y caballeros de sociedad mostraban sus mejores ropas. En aquella época las familias acudían a la playa los fines de semana. Los niños y los señores eran quienes se bañaban en el mar ya que no era muy bien visto que las damas lo hicieran.  Fue hasta 1930 cuando aparece el primer traje de baño para damas de la historia llegando la moda a Tampico hasta años después. En esa misma época salieron al mercado sustancias que servían como bronceadores para la cara creación de Coco Chanel.

La construcción de los balnearios fue sin duda alguna el detonante de la época de esplendor de Miramar. Partiendo de Las Escolleras, en la parte sur de la playa estaban: Pánuco, Las Escolleras y Pikio.  A partir de 2 kilómetros al norte: el Casino, El Mirador, El Obrero, Palermo, El Faro, Segundo Palermo, San Luis, El Recreo de Miramar y el Villa del Mar entre otros.

El primer balneario de esa época fue Villa del Mar propiedad de Don Pedro García. Construido en 1918 era de dos pisos, todo de madera.  Era uno de los más grandes y elegantes de la época donde además se llevaban a cabo los primeros bailes amenizados por renombradas orquestas nacionales e internacionales. Años después cambió de dueños manteniendo su fama como el mejor restaurante de comida internacional.

El Palermo, construido en 1920, fue el segundo balneario en Miramar, propiedad de Don Miguel Velásquez. Era de un piso de madera con forma de castillo en cuyos torreones estaban los comedores donde se servía comida típicamente española. Al igual que la inmensa mayoría de los balnearios, fue destruido por el ciclón del 33 siendo reconstruido en 1934 por Don Lucio Torres quien le pone el nombre de Balneario Tampico funcionando la parte alta como hotel y la parte baja como restaurante, bar y salón de baile.

El tercer balneario de Miramar fue El Recreo, construido en 1921 por Don Severiano Caramés oriundo de Galicia, España. La parte superior era destinada a renta de habitaciones mientras que en la planta baja se daba servicio de restaurante y bar, además contaba con salón de baile. Después del ciclón del 33 este balneario se reconstruyó, dándosele el nombre de El Galveston.

El balneario La Mexicana construido en 1928 por Don Mariano Rodríguez fue el cuarto balneario en establecerse en Miramar. Era mucho más chico que los demás siendo únicamente de un piso con una amplia terraza desde donde se tenía una agradable vista del mar. A él le siguió el Biarritz construido en 1932, propiedad de Don Celestino Huerta, siendo en este balneario en ofrecer marisco en su menú, continuando con esta especialidad los demás balnearios hasta 1934.

A finales de 1932 el Gremio Unido de Alijadores comenzó la construcción del Casino, sin duda alguna el balneario más lujoso e importante de Miramar. Era de dos pisos teniendo como base pilotes de pino de 30 cm. de diámetro y 4 metros de altura.  Parte de su construcción se encontraba dentro del mar, construyéndose al poniente un puente para que pasaran los autobuses y los coches. Bajo él, la gente acostumbraba guarecerse del sol poniendo hamacas para descansar después de gozar de un baño en el mar.

Su lujosa arquitectura interior era tipo Maya con finos pisos de mosaico, el cielo artísticamente estucado en yeso y sus ventanales de cristal de gota de colores. En la parte oriente frente al mar tenía una gran terraza que hacía las veces de pista de baile. De esa terraza partía un puente de aproximadamente 60 metros que terminaba sobre el mar en el cual la gente además de pasear iba a pescar. Al final había una pequeña tienda que vendía refrescos y golosinas. A un lado del puente, partiendo del Casino, había un tobogán donde los bañistas se lanzaban al agua. La estancia del Casino se dividía en cuatro salones según los puntos cardinales. En ellos funcionaban ruletas, mesas de dados, mesas de poker y bacará, atendidas por crupiers y meseros elegantemente vestidos de acuerdo a la época.

El Casino funcionó como tal hasta las 12 de la noche del primer día de la toma de posesión como presidente de México del Gral. Lázaro Cárdenas (1934) quien prohibió el juego de azar en la República Mexicana, promulgándose una ley al respecto en 1937. Siguió funcionando como balneario hasta septiembre de 1955 cuando fue totalmente destruido por el Ciclón Hilda.

Muchos son los balnearios que destacaron en esa época. Entre ellos se encuentra El Pánuco de Don Pedro Colón construido entre 1928 y 1930.  Era famoso por su excelente cocina. Se encontraba a 20 metros del Río Pánuco a orillas del mar lo que provocó que en 1933 la fuerza del huracán lo arrancara de raíz colocándolo sobre Las Escolleras siendo reconstruido posteriormente. Otro balneario que destacó por ser el pionero en introducir en su cocina la jaiba que era traída en ese entonces de La Barra de Morón y de la Ribera Veracruzana fue el Montecarlo, propiedad de la Sra. Roulet, un pequeño balneario de influencia francesa que más tarde se unió con el Biarritz. El balneario Los Arcos, a pesar de la prohibición, siguió llevando a cabo los juegos de azar por lo que su propietario el catalán Pablo Puig fue deportado a España.

La prohibición de los juegos de azar en 1934 influyó, pero no bastó para terminar la época de bonanza de Miramar, fueron muchos los factores que influyeron. Entre los principales estuvieron el huracán de 1933, la expropiación petrolera y la salida de la zona de las compañías extranjeras, pero la estocada final fue el Ciclón Hilda en 1955 que arrasó con todas las construcciones de la playa que ya nunca más fueron levantadas cayendo en el abandono y el descuido.

Hoy en día Miramar, recobra su esplendor con la construcción de hoteles, clubes de playa, casas y condominios.  Es por ello que hoy por hoy Miramar vuelve a ser orgullo de todos los que habitamos en esta región.

 

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Revista Así es Tampico, Décima Tercera Edición Octubre de 2006


 


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